Estamos sujetos a lo que tenemos en mente

Estamos sujetos a lo que tenemos en mente

La ciencia y la psiquiatría están estudiando la enfermedad clínica llamada personalidad múltiple con creciente interés porque explica muchos fenómenos diferentes. Cuando se tiene esta enfermedad, a través de un cuerpo se expresa más de una personalidad. A nivel clínico, una personalidad puede tener múltiples enfermedades, como asma, alergias, gota y muchas otras; pero cuando esa personalidad se va y entra otra, es muy posible que esta segunda personalidad no tenga ninguna de esas enfermedades. Esa personalidad dice: «Yo no creo en ninguna de estas cosas. No estoy sometida a ellas».

Consecuentemente, examinaremos el poder de la mente sobre el cuerpo.

Un principio básico de la recuperación es que estamos sujetos a lo que tenemos en mente, lo cual, sin embargo, puede ser inconsciente (estar fuera de la conciencia). Para hacer que esto sea comprensible nos remitiremos al Mapa de la Conciencia, en lugar de hacer que nuestras expresiones suenen místicas o misteriosas. Es de ayuda recordar que la dirección de los campos energéticos indica si se trata de un campo positivo o de uno negativo, con una influencia destructiva. Saber esto nos permitirá confiar en que estamos operando desde algo razonable, confirmable y comprensible.

Compartiré mis experiencias personales para demostrar las verdades básicas que aquí se presentan. Tú ya sabes estas cosas intuitivamente; pero, al hacerlas conscientes, puedes usarlas como herramientas terapéuticas, como en el caso de cómo no dejarse programar por un sistema de creencias negativo o cómo no participar en un sistema de pensamiento. La mente es tan poderosa que lo que ella crea tenderá a manifestarse.

En enero de 1987 se publicó un estudio interesante en el Brain-Mind Bulletin titulado «Expectativas: lo que ves es lo que las expectativas te ofrecen». Una investigación realizada en la Universidad de Princeton mostró que la profecía autocumplida es exactamente eso, y que lo que creemos activamente tiende a manifestarse en nuestra conducta y en la de los demás. Esto es lo que se denomina una «realidad social creativa», un problema serio que afecta a todo tipo de cosas, desde los precios de las acciones hasta la carrera armamentística, por no mencionar las interacciones cotidianas (además de los detalles de nuestra salud personal).

Partiremos de la premisa de que todo fenómeno es experimentado en la conciencia (consciousness) y abordaremos el nivel de la conciencia (consciousness) mismo y su expresión en la mente. Iremos al nivel de las causas en lugar de al nivel de los efectos. El cuerpo está sometido a los efectos de lo que tenemos en la mente. Si queremos saber qué tenemos en nuestra mente, todo lo que tenemos que hacer es mirar lo que está pasando en nuestro cuerpo y observar su conducta, que nos dice lo que creemos. Si miramos en nuestra memoria, a menudo no podremos recordar que teníamos ese sistema de creencias, ni pensábamos que era aplicable a nosotros. El hecho de que esté en nuestra vida nos indica que debe haber estado allí, en alguna parte del inconsciente personal o colectivo.

El ejemplo más común de esto se produce en las personas alérgicas que dicen: «Bueno, yo no creía en las alergias. No traje esto a mi vida conscientemente». Sin embargo, si volvemos a su infancia, casi invariablemente descubrimos que el sistema de creencias y las alergias ocurrieron en una etapa muy temprana de la vida, generalmente en las edades de dos o tres años. El niño pequeño recoge un comentario de algún familiar que dice: «En nuestra familia somos alérgicos». En el momento en el que niño escucha esto, lo compra y, por supuesto, se lo cree, con lo que se convierte en un programa operativo.

Muchos de los fenómenos que vemos expresarse en el cuerpo del adulto fueron captados en una etapa muy temprana de la vida, a partir de un comentario casual que se oyó en televisión, o de algo que se entendió mal en un libro, o de un comentario hecho por un profesor. Estas cosas constituyen programaciones sugestivas y sistemas de creencias comunes, que se hacen conscientes cuando empezamos a trabajar en ellas.

Estamos sometidos a lo que tenemos en nuestra mente, ¿qué significa esto? ¿Cuál es la naturaleza de la enfermedad misma? Vemos, en primer lugar, que su naturaleza es dolor y sufrimiento.

Consecuentemente, es evidente y de sentido común decir que la enfermedad es una expresión del dolor y del sufrimiento. Cuando examinamos el Mapa de la Conciencia, vemos que el dolor y el sufrimiento están ubicados en los niveles de energía inferiores, con el campo de energía orientado en dirección negativa, lo que significa que tiene un efecto adverso en nuestra vida. Entonces, tenemos que examinar la naturaleza de la culpa —la culpa inconsciente— y cómo se expresa.

Los patrones de pensamiento que tenemos en la mente son sistemas de creencias. La culpa surge de la tendencia a juzgar y de las opiniones negativas. Las emociones negativas tienden a ir juntas, de modo que todas ellas contribuyen a la enfermedad, incluyendo el orgullo, la ira, el deseo, el temor, la pena, la apatía y la culpa. Sabemos que, cuando ponemos a prueba la fuerza muscular de una persona, si tiene en mente algo que esté por debajo del nivel del coraje —como pensamientos de ira u orgullo, de deseo ardiente, temor, pena, apatía o culpa—, el músculo se debilita. Otros sentimientos, como los de lamento, pérdida, desesperanza, desesperación, autoodio, preocupación, ansiedad, agravios y cualquier tipo de arrogancia o desprecio también hacen inmediatamente que la persona dé debilidad en la prueba muscular (asimismo, las pupilas se dilatan).

Extraído del libro de David R Hawkins, Curación y recuperación

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