Un retiro intenso e involuntario

Un retiro intenso e involuntario

Estar en retiro intenso de meditación no es como ir a un spa donde vas a estar relajado todo el tiempo, con gente alrededor cuidándote, mimándote. El místico, el practicante de la meditación, el buscador que entra en retiro debe tener una serie de cualidades que le serán de gran ayuda a lo largo de toda su Vida. Virtudes como la perseverancia, la fuerza de voluntad, la determinación, la valentía, el Amor, la Compasión son necesarias para adentrarse en la aventura de la soledad profunda.

El ritmo intenso debido al poder de las prácticas puede provocar grandes movimientos en nuestra mente. Nuestro cuerpo físico se va transformando, purificando… En nuestra mente se suceden infinitos procesos que tenemos que observar con la mirada de un abuelo que ve a los niños jugar, sin involucrarse, dejando que las cosas, los pensamientos, las emociones pasen sin dejarse atrapar por ellos porque son como nubes en el cielo. Muchas de las cosas que están estancadas en el fondo del inconsciente salen a la luz y son purificadas. El proceso es intenso, constante… difícil. Muchas veces esa visión que la espiritualidad “New Age” nos ha inculcado de que el camino es, debe ser fácil, que el universo está ahí para concedernos todo lo que nuestro ego necesita como el árbol de la Vida, es totalmente falsa. No es así. Se requieren enormes dosis de fuerza de voluntad, de perseverancia, de entrega y de devoción para no ser tumbado por la fuerza del ego y sus obstáculos. La tarea no es fácil. (…)


Cuando uno está en retiro estricto, se desconecta del mundo y de su bullicio mental, emocional… No mira la televisión, no oye la radio, ni bucea por las redes sociales. Todo eso nos sumerge en la neurosis global generalizada, institucionalizada. Es una fuente de gran distracción para la mente. Buscamos el silencio interior. Nos alejamos del mundo porque lo amamos. Vivimos como el Zaratustra de Nietzsche lejos del mundo porque lo amamos y anhelamos volver a él para compartir nuestro conocimiento, nuestra sabiduría, aunque él no la quiera, la rechace, o no la comprenda…. Nos apartamos por Amor. No es una huida, es un encuentro, un encuentro contigo mismo. Y con el tiempo lo interior y lo exterior se funden, se disuelven…

Yo sólo estaba conectado con el mundo por algunos WhatsApp para pedir comida y algunas cosas necesarias para mi subsistencia material. Llevaba tres meses en la soledad de ese retiro cuando un buen día me llega un mensaje diciéndome: “¡Todo el mundo está confinado! Todo el mundo está en sus casas sin salir de ellas”. ¡La noticia fue un shock! No acababa de entender cómo era posible. Como toda la Humanidad al unísono se había confinado, había entrado en retiro. Era un recogimiento forzado, el mío era voluntario, pero era un retiro en sí, un momento para frenar muchas de nuestras actividades samsáricas cotidianas, un momento dedicado a la mirada interior… Cada Ser Humano lo viviría según su evolución espiritual, unos como una bendición y otros como un castigo. Pensé, riéndome hacia adentro: “He empezado solo y ahora todos nos hemos unido a esta experiencia”. Yo llevaba tres meses de soledad cuando descubrí este parón forzado y global. Era un hecho sorprendente que nunca antes se había producido en toda la historia de la humanidad: Millones de Seres Humanos recluidos, forzados a frenar sus actividades ordinarias… “¿Se ve que estaba en el buen camino, si me había confinado espiritualmente y todos habían decidido hacer lo mismo?”, pensaba con ciertas dosis de humor. De algún modo, había estado pre-confinado.

Meses después descubrí que ese retiro global no era como el mío… Planeaba sobre la Humanidad la sombra de una epidemia que parecía causar muchas muertes. Los medios de comunicación no paraban de bombardear nuestras conciencias con cifras de fallecidos a todas las horas del día y parte de la noche. El miedo a la muerte lo envolvió todo. Esa muerte de la que nadie hablaba en nuestras sociedades modernas parecía haber despertado de su letargo y se había vuelto la protagonista esencial de nuestras Vidas. Nos llegaban por todos los canales las cifras de la muerte. Y se instauró el miedo, el miedo irracional, destructor, devorador de la luz, potenciador de las tinieblas internas. Dicen las enseñanzas budistas más elevadas que el miedo es la herramienta más fuerte y enraizada del ego. Porque en realidad el que tiene miedo, el que se apega al miedo, es nuestra consciencia de ego. A menos ego, menos miedo y más amor. La antítesis del amor es el miedo. El miedo nos encarcela en el ego, nos vuelve hacia él. Una persona que tiene miedo se vuelve egoísta. El miedo aumenta la sensación neurótica de separación. El miedo nos aísla, nos fragmenta por dentro, nos destroza emocionalmente… Nos desconecta de Zoe, de la Gran Vida. El miedo nos vuelve seres pequeños, desempoderados, frágiles, fácilmente manipulables. Toda gran manipulación de las masas siempre va precedida de una campaña de miedo.

En un retiro espiritual el ego lentamente se va disolviendo como un trozo de hielo al sol de invierno, pero en ese parón al que se vio forzada la Humanidad el proceso fue el contrario: Cada día crecía más el miedo… Especialmente entre las personas más mayores. Este encierro forzoso fue un empujón al revés: Un retiro que, debido al miedo, en vez de disolverlo fortalecía el ego. La muerte, esa gran desconocida, había entrado de nuevo en nuestras vidas con tanta fuerza que no se podía sostener. Al capitalismo, ese acercamiento no le había interesado nunca. La muerte no es comercial. La muerte frena el marketing, destroza el consumo.

Paradójicamente la muerte forma parte de las enseñanzas espirituales más esenciales. Hay que meditar en la impermanencia y la muerte. Forma parte de los cuatro pensamientos que giran la mente hacia el Dharma, la ley natural. Es sólo cuando le perdemos el miedo a la muerte cuando podemos vivir la vida con la máxima intensidad. Cuando alguien vive continuamente al borde la muerte se da cuenta de lo valiosa que es la vida. La vida no es algo por lo que transitamos sin consciencia, sino una experiencia que debemos sentir con toda su intensidad y belleza. La muerte es como el sexo, nos vuelve al presente.

En una película sobre la vida del corredor de Fórmula Uno Nicky Lauda, él mismo dice que los pilotos de carreras tienen un gran poder de seducción sobre las mujeres. Ellas se sienten extremadamente fascinadas por estos hombres que viven la vida “a tope”; que se juegan esa valiosa vida a cada carrera, cada fin de semana. La posibilidad de la muerte nos hace valorar la vida y vivirla como un regalo valioso. Esa intensidad de vida es extraordinariamente atractiva. Esto nos lleva a abrazar la vida con toda la máxima intensidad, nos conduce a un presente intenso, poderoso…Esto es Vipassana. Ser consciente de la belleza y la intensidad del momento presente y gozar de él. La muerte es parte de la vida y la vida es parte de la muerte. Lo que en realidad muere es la ilusión del ego. Nuestra mente, como pensaban Platón y Pitágoras, es inmortal. Muere el cuerpo, el soporte externo del alma, pero ella, tras la muerte, sigue su camino inexorable hacia otra Vida, otro renacimiento.


Escrito por Lama Djampa Gyatso (Idili Lizcano) en el prólogo de:

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