Los beneficios de Dejar ir

Los beneficios de Dejar ir

Portada del libro Dejar ir de David Hawkins

El efecto más obvio y visible de dejar ir, de la liberación de los sentimientos negativos, es la reanudación del crecimiento psicológico y emocional, y la resolución de problemas que a menudo nos han acompañado durante mucho tiempo. Sentimos placer y satisfacción al empezar a eliminar los obstáculos al logro y a la satisfacción en la vida. Pronto descubrimos que los pensamientos limitantes y las creencias negativas, que inocentemente considerábamos verdaderos, solo eran el resultado de la acumulación de sentimientos negativos. Cuando soltamos el sentimiento, el patrón de pensamiento cambia de «no puedo» a «puedo» y «soy feliz al hacerlo». Áreas enteras de la vida pueden abrirse. Lo que resultaba incómodo o no se expresaba puede hacerse sin esfuerzo y estar alegremente vivo.

Veamos un ejemplo de esta progresión en la experiencia de un hombre de mediana edad, inteligente y exitoso. Toda su vida había querido bailar, pero se sentía incapaz. Quería bailar fuera como fuera y, en varias ocasiones a lo largo de su vida, había asistido a clases de baile. Pero siempre se sentía rígido, torpe y cohibido. Por pura fuerza de voluntad, a veces conseguía dar los pasos en la pista de baile, pero no lo disfrutaba y siempre estaba incómodo. Sus movimientos eran rígidos y calculados, y toda la experiencia carecía de satisfacción y no contribuía a mejorar su autoestima.

Dejar ir el miedo a bailar

Después de trabajar alrededor de un año el dejar ir, el mecanismo de la entrega, estaba en una fiesta con alguien que insistía en que se levantara a bailar.

—Sabes que no puedo bailar —dijo.
—Ven e inténtalo —invitó ella; e insistió—, olvídate de tus pies. Solo mírame y haz lo que mi cuerpo haga.

De mala gana, aceptó y dejó ir sus sentimientos de resistencia y ansiedad.

En la pista de baile, se soltó por completo. En un instante, sus sentimientos internos ascendieron en la escala desde la apatía hasta el amor y, para su sorpresa, ¡empezó a bailar como siempre había soñado! La toma de conciencia «¡puedo hacerlo!» lo invadió, y pasó del amor a la alegría e incluso al éxtasis. Su deleite irradiaba por doquier. Los amigos se paraban a mirar. Desde ese estado de júbilo, entró en la experiencia de unicidad con su pareja de baile. Vio a su propio Ser mirando a través de los ojos de ella y se dio cuenta de que, en realidad, solo había un Ser detrás de todos los seres individuales. Ambos conectaron telepáticamente.

Él conocía cada uno de sus pasos una fracción de segundo antes de que ella lo diera. Estaban en perfecta armonía y bailaban como si hubieran practicado y bailado juntos durante años. Apenas podía contener su alegría. El baile se aligeró y empezó a manifestarse espontáneamente, sin ningún pensamiento consciente por su parte. Cuanto más tiempo bailaban, más energía tenía.

Fue una experiencia cumbre que cambió su vida. Esa noche fue a casa y bailó un poco más. El baile libre siempre lo había atemorizado más que ningún otro, porque no había forma de memorizarlo. Necesitaba espontaneidad y libertad, que era justo lo que había sido incapaz de experimentar antes. En casa, puso música disco y bailó durante horas. Se miraba en el espejo, fascinado por las sensaciones de rendición del cuerpo y de libertad interior.

De repente, se acordó nítidamente de una vida pasada. Durante esa vida, había sido un gran bailarín y ahora empezaba a recordar las instrucciones que le habían dado sus maestros. Al seguir sus instrucciones, ¡los resultados fueron sorprendentes! Descubrió un centro de equilibrio dentro de sí mismo y comenzó a girar a su alrededor en un equilibrio perfecto. El movimiento se hacía sin esfuerzo y él, simplemente, se convirtió en el testigo del baile. Ya no había ninguna sensación de «yo». Solo había júbilo y el baile mismo. Al instante, comprendió la base de la danza sufí de los derviches que giran. Su capacidad de girar sin marearse ni cansarse —ese estado de conciencia— se producía al renunciar al yo individual.

La experiencia cumbre que el hombre había experimentado en la pista de baile se transfirió a otras áreas de su vida previamente bloqueadas. Donde había limitaciones, ahora se producía una rápida expansión. Estos cambios se hicieron evidentes para sus amigos y familiares, cuya respuesta positiva aumentó su autoestima y su deseo de seguir soltando los sentimientos y pensamientos negativos que habían bloqueado la experiencia del júbilo en su vida.

Extraído del libro Dejar ir del doctor David R Hawkins

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